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Cerrar la Distancia: Por Qué el Reencuentro Cuesta Tanto

Lo que complica una relación a distancia no suele ser la separación, sino el reencuentro. Mudarse a la misma ciudad cuesta: cómo suavizar la transición.

Por Equipo editorial de QuizCupid29 de agosto de 20263 min de lectura

Cerrar la Distancia: Por Qué el Reencuentro Cuesta TantoPhoto by Cameron Cox on Unsplash

Suponemos que la parte difícil de una relación a distancia es estar separados. Para muchas parejas, sin embargo, la verdadera prueba empieza cuando por fin se mudan a la misma ciudad tras meses o años esperando detrás de una pantalla. Cerrar la distancia no es tan fácil como la mayoría espera. Este artículo analiza por qué cuesta y cómo hacer la transición más suave.

¿Estoy enamorado? Sí, puesto que espero.

Roland Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso

El reencuentro no es tan fácil como todos creen

Durante la distancia montas una escena en tu cabeza: en cuanto sueltes la maleta, todo encajará y recuperaréis el tiempo perdido. La realidad suele ser más complicada. Compartir la misma casa, la misma rutina y los mismos días corrientes es un ajuste que nunca viviste en las videollamadas. Cuando se apaga la emoción de las primeras semanas, aparece un orden nuevo al que los dos tenéis que acostumbraros.

Durante la distancia, la cercanía ocurre a través de una pantalla

¿Qué dice la investigación?

Un estudio de 2007 de las investigadoras en comunicación Laura Stafford y Andy Merolla siguió a parejas que pasaron de una relación a distancia a la cercanía geográfica y encontró un resultado sorprendente: alrededor de un tercio de las parejas reunidas rompió dentro de los tres meses posteriores a mudarse a la misma ciudad. Según las investigadoras, la razón principal era que los miembros de la pareja se habían idealizado el uno al otro durante la distancia y la vida diaria rompió esa imagen ideal. Es decir, el problema no era la distancia, sino que la distancia se cerrara.

Idealización: la persona que veías de lejos no es la real

En la distancia ves a tu pareja por una ventana estrecha: mensajes elegidos con cuidado, llamadas planeadas, ocasiones especiales pasadas juntos. Tu mente suele rellenar los huecos con la mejor versión posible. Al mudaros juntos, salen a la superficie el desorden, el mal humor de la mañana, las costumbres con el dinero y cientos de pequeños detalles que nunca negociasteis. Esto no es una decepción, es la relación volviéndose por fin visible a tamaño completo.

Perder la autonomía que ganaste

Las relaciones a distancia suelen crear un hábito fuerte de independencia: tu propia agenda, tu propio círculo de amigos, una tarde que te pertenece. Al reuniros tienes que compartir parte de ese espacio, y eso no significa que tu amor se haya apagado. 'Quiero un rato a solas' es una necesidad válida y sana, incluso para una pareja que ha estado separada mucho tiempo.

Para facilitar la transición

Hablad abiertamente de las expectativas antes de mudaros: en los primeros meses, ¿cuánto tiempo juntos y cuánto por separado quiere cada uno? No tenéis que meteros en la misma casa de inmediato; si podéis, vivir primero en casas separadas en la misma ciudad suaviza la transición. Mantened vuestras propias amistades y aficiones. Y daos tiempo: para la mayoría de las parejas, adaptarse al orden nuevo lleva de tres a seis meses.

Preguntas frecuentes

¿Debemos vivir juntos en cuanto nos reunamos? No necesariamente. Empezar en casas separadas en la misma ciudad protege a la vez la cercanía y el espacio personal, y para muchas parejas es un comienzo menos estresante.

Se coló la distancia después de reunirnos, ¿significa que la relación se acabó? No. La fricción de los primeros meses es parte natural de que dos vidas se fundan de verdad. Con conversación abierta y paciencia, la mayoría de las parejas lo superan.

¿Cuánto tarda uno en adaptarse al orden nuevo? Normalmente de tres a seis meses. Lo que más ayuda en ese tiempo es volver a hablar de las expectativas y mantenerse flexible.

Cerrar la distancia no es el final de una relación, sino un nuevo comienzo, y los comienzos no siempre son suaves. Hablar de las expectativas y las costumbres del otro antes de reuniros hace esta transición mucho más fácil.

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